El color no es solo un adorno, sino un elemento narrativo y dramático por derecho propio. Debe guiar sutilmente la mirada, reforzar la narración y suscitar emociones.
El método propuesto privilegia el uso de paletas reducidas, aplicadas por secuencias si es necesario, una estrategia que amplifica el impacto dramático y emocional, al tiempo que preserva la coherencia visual del conjunto y facilita la comprensión de la narración o la imagen. Además, es esencial que el color se integre armoniosamente para enriquecer la experiencia del lector o espectador sin interferir en ella.
